POR CIRO

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

La Operación Pañuelo


Recuerdo que todos los destacamentos que resistían al enemigo, tenían la necesidad de ser reforzados, pero la carencia de tropas y material logístico, hacían casi imposible recurrir en su ayuda, ya que se tenía que defender en todo momento la capital de “Sidi-Ifni”.
 
En aquellos momentos sólo se podía prescindir de una sección que podría ir al puesto de “Tlata de Sbuia”, dando escolta a  un equipo médico y ambulancia, para hacer las primeras curas a los heridos y con posterioridad, proceder a su evacuación a “Sidi-Ifni”.

Para esta Misión, fue designada la Tercera Sección de la 7ª Compañía de Paracaidistas de la Bandera Roger de Lauria II de Paracaidistas del E.T., mandada por el Teniente Ortiz de Zarate, que no pudo llegar a cumplir su misión, al ser interceptada por el enemigo y obligada a replegarse en defensiva en un punto dominante del terreno.


La Sección se encontraba  a media distancia entre “Sidi-Ifni” y “Tlata de Sbuia” cuando fue cercada, sufriendo varios ataques del enemigo, y aún así, pudo mantenerse en el terreno en defensiva, a pesar de sufrir varias bajas entre muertos y heridos,(entre ellos murió heroicamente el Teniente Ortiz de Zarate que mandaba la Sección); le sucedió en el mando el Sargento Moncada Navas Pujol.

El resto de los integrantes de nuestra  7ª Compañía tuvo conocimiento de estos hechos al día siguiente de haber salido la  Tercera Sección, hacia “Tlata de Sbuia”, y desde el Capitán Sánchez Duque, que mandaba la Compañía, hasta el último CLP. (Caballero Legionario Paracaidista), nos prestamos voluntarios para realizar un salto en paracaídas que permitiera liberarla, pero el Mando no lo autorizó, al tenernos reservada otra Misión.

Mientras tanto, en  “Tiliuin”, sesenta tiradores (pertenecientes al Cuerpo de Tiradores de Ifni, un cuerpo mixto de soldados españoles e indígenas) defendían el puesto, así como a su población civil, ante el ataque de cientos de marroquíes. 

Como hacía unas horas que no se tenían noticias  del Puesto de “Tiliuin”, y no se tenía información sobre si el puesto seguía resistiendo los ataques del enemigo, y temiendo lo peor  por la situación  en que se encontraba el destacamento.
































El 25 de noviembre, un intento de rescate fue autorizado por las autoridades españolas. El Mando organizó lo que se llamo “Operación Pañuelo”, que consistía en Lanzar en paracaídas sobre “Tiliuin” a los  setenta y cinco hombres que restaban de la 7ª Compañía  para reforzar el puesto y su defensa. 

Todos recibimos la noticia del lanzamiento aquella misma  tarde-noche; al día siguiente durante el amanecer, saltábamos sobre “Tiliuin” para reforzar y defender aquel puesto. Aquella noche nadie durmió pensando en el Salto de Combate  que haríamos  a la mañana siguiente.    

Recuerdo que a las cinco de la mañana ya nos estábamos preparando, algunos veníamos de otra misión, mi Pelotón regresaba de defender el perímetro del aeródromo, nos  aseamos un poco, desayunamos y guardamos nuestro rancho en frío. Revisamos el equipo, el  paracaídas, el armamento y nos municionamos; algunos nos confesamos con el Páter Cabrera que constantemente nos acompañaba según decía él <porque el final es incierto>> brindándonos su apoyo, y otros sin más esperaban el momento de montar en los aviones. 

Ante el veto de los Estados Unidos (aliado de Marruecos) para que España utilizara aviones o armas fabricados por ese país, se hubo de recurrir a cinco viejos Heinkel He-111 (bombarderos a los familiarmente llamábamos "Pepes") para bombardear las posiciones marroquíes, mientras que desde el mismo número de Junkers JU-52 saltábamos en paracaídas los setenta y cinco paracaidistas restantes de la 7ª Compañía (15 en cada avión) al mando del capitán Sánchez Duque, sobre el puesto avanzado de “Tiliuin”, en tanto que un sexto lanzaba armas y suministros. 


El tiempo de vuelo duró veintitrés minutos y el salto se realizó  en dos oleadas, con objeto de no desperdigar por el terreno a la Patrullas  compuestas de catorce hombres que saltaban de cada avión, los primeros siete hombres de cada patrulla, saltaron en la primera pasada y los otros siete lo hicieron en la segunda.


Tanto el lanzamiento como los apoyos de fuego aéreo debían de ser operaciones precisas. A las diez horas dieciséis minutos despega el primer Heinkel, el resto a intervalos de cuatro minutos, cada avión lleva una misión de bombardeo concreto, sobre ”Intlan, Agadir, Morabtien, Sidi El Ahsen” y todas las casas que circundan el norte, oeste y sur del fuerte. 

A continuación comienza el lanzamiento paracaidista, bajo el apoyo de las ametralladoras de los Heinkel, llegamos al suelo casi todos en nuestros puntos previstos. 


El salto se realizó  en dos oleadas, con objeto de no desperdigar por el terreno a la Patrullas  compuestas de quince hombres que saltaban de cada avión, los primeros ocho hombres de cada patrulla, saltaron en la primera pasada y los otros siete lo hicieron en la segunda.


Los componentes de la primera oleada al tomar tierra, apoyaron con su fuego el descenso de sus compañeros, y la segunda oleada al tomar tierra hicieron lo propio, proteger a los de la  primera, mientras éstos entraban en el fuerte, y desde allí, los primeros apoyaron a los segundos para que  estos entrasen también.  

Se recibe fuego enemigo de ametralladora, de la zona de "Agadir", la patrulla donde salta el Capitán Sánchez Duque es la más próxima a esta zona, el enemigo piensa que las intenciones de estos paracaidistas es envolver "Intlan y Agadir" por lo que varía su despliegue hacia el este y sur.

Nos lanzan a 200 metros del suelo, la altura mínima a la que podemos saltar, y veo como el paracaídas se abre a una altura mínima a escasos metros del suelo, apurando hasta el límite para evitar en lo posible el fuego enemigo. Desde arriba me da la impresión de que  los cuerpos de mis compañeros que me han precedido en el salto yacen sin vida en el suelo y esto me pone los pelos de punta, pero cuando toco tierra para mi tranquilidad observo que están tendidos ofreciendo fuego de cobertura.

Aquello era un infierno, veíamos fogonazos enemigos por todas partes, el ruido era ensordecedor. Sólo pensábamos en llegar al fuerte sanos y salvos mientras corríamos por el pedregoso terreno entre las balas de las ametralladoras enemigas y bajo el estruendo ruido de los aviones que constantemente nos apoyaban con su fuego desde el aire.

Fue un milagro que ninguno de nosotros fuera alcanzado, tan sólo tres compañeros resultaron lesionados en los tobillos al tomar tierra, pero ninguno lo fuimos por el fuego enemigo. Por fin cuando nos acercábamos a la puerta de la fortificación, un oficial salió a toda prisa para avisarnos de que debíamos entrar en fila, ya que los alrededores de la entrada se encontraban minados, por fin acosados por el fuego, con la adrenalina por las nubes y con un estado de ansiedad justificado, conseguimos entrar en el Fuerte.




Nuestro salto de guerra de La Brigada Paracaidista había por fin concluido con éxito, y las dos secciones de la 7ª Compañía, una escuadra de morteros de 81, un practicante y un sanitario estábamos en "Tiliuín", poniendo fin con éxito a la Operación Pañuelo.

Durante los días siguientes resistimos en el fuerte bajo el incesante fuego de morteros y fusilería del enemigo. No teníamos comida ni agua, de vez en cuando, los aviones españoles lanzaban paquetes sobre la fortificación. El problema era que tenían que ser lanzados desde una altura suficiente para que el enemigo no pudiese alcanzar los aviones, y siendo el fuerte pequeño, sólo el veinte por ciento de los envíos caían dentro del recinto. 

Todo el fuerte se encontraba lleno de munición esparcida por el suelo, ya que los aviones tiraban las cajas de munición desde el aire y al chocar contra el suelo estas se rompían y toda la munición se esparcía, por lo que teníamos que recogerla a mano.

El Estado Mayor insiste en que recuperemos todos los paracaídas usados en las cargas que nos lanzaban, por lo que tuvimos que salir del fuerte entre el fuego enemigo (morteros y ametralladoras) para recuperarlos.

El tres de diciembre, a las diez de la noche, se escucha el cornetín de la 6ª Bandera de la Legión, al mando del Comandante Gallo, rompen el cerco y reconquistan el aeródromo.

Todo el personal civil y militar (135 hombres) fuimos entonces evacuados por vía terrestre a “Sidi-Ifni”, no sin antes volar literalmente por los aires el Fuerte de “Tiliuín” que se había convertido en un infierno los últimos cuatro días.

El regreso hasta “Sidi-Ifni”, tampoco fue un camino de rosas, ya que no contábamos con medios de transporte y sufrimos durante el regreso numerosos ataques por parte del Ejército de Liberación.

Os preguntaréis que fue de la Sección del fallecido Teniente Ortiz de Zárate, pues bien, en nuestro regreso a “Sidi-Ifni”,  entrada a la capital que efectuamos el día 6 de diciembre, pudimos encontrarnos con ellos y nos alegramos al comprobar cómo la Sección al mando del Sargento Moncada Navas Pujol había resistido fieramente a los continuos ataques del enemigo sin comida y sin agua, habiendo sido liberados de igual modo por los  mismos Legionarios de la 6ª Bandera días antes de llegar a "Tiliuín".

La Operación Netol, ideada para que la 6ª Bandera de la Legión pudiera salvarnos del acoso a ambos grupos fue un éxito. 


Fuimos enviados a “Tiliuin”, y no pudimos hacer nada por nuestro Teniente Antonio Ortiz de Zárate, que desde su heroico acto en “Tzelata” se convirtió en el ideal paracaidista. Nuestro capellán, el Padre Cabrera, encontró entre las pertenencias del nuestro Teniente una oración que decía: 


«Señor, haz que mi alma no vacile en combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que yo sea en la guerra como lo fui en la paz. Haz que el silbido de los proyectiles alegre mi corazón», y añadía: «Quise ser el soldado más valiente de mi Ejército, el español más amante de mi Patria. Perdona mi orgullo, Señor».



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